HISTORIA DEL HORNO DE BARRO


Como todos nos imaginamos desde que existe el hombre, existe nuestra necesidad de supervivencia. Alimentarse siempre fue una necesidad básica para vivir y reproducirnos.
En la etapa nómade del hombre, los alimentos consistían en recolectar, cazar o pescar los recursos existentes de un lugar hasta que al escasear o acabarse, los seres humanos debían moverse en busca de nuevos alimentos. De allí que nómade significa no tener una residencia fija, los individuos están en movimiento. 
Con el salto tecnológico que significo el conocimiento y la práctica de la agricultura, surgieron los primeros asentamientos, pequeñas aldeas, etc. Aparece la etápa sedentaria del ser humano, al poder manejar el flujo de alimento en un mismo sitio.
Esto significo poder construir mejores viviendas y poseer mayor cantidad de artefactos. Se supone que en algún momento de esta etápa comenzaron a aparecer los primeros descubrimientos culinarios, los primeros utensilios específicos para la cocina y también los hornos como elemento de cocción.
No hay datos precisos sobre el nacimiento del arte de cocinar en un horno de barro. Se cree, según recientes descubrimientos, que fue en Egipto (4000 años a.C.) y una amplia región, más precisamente en la media luna formada por los ríos Tigris y Eufrates, lugar bendecido por la excelente calidad de arcilla, muy particular por su dureza y aislamiento, conservando el calor mucho mejor que otros barros o tierras arcillosas de otros lugares.
Existen vestigios arqueológicos que los sitúan en lugares muy dispares y alejados unos de otros. En Europa, por ejemplo, eran famosos los grandes hornos "comunitarios" donde expertos cocineros cocinaban el pan del día, primero para el Rey y su corte y luego para la plebe. En Chile e islas cercanas de todo el Pacífico, famosos reductos de piratas, a los hoyos o huecos que hacían con piedras en la arena para cocinar sus alimentos, se los llamó "boucaners" (de allí el nombre de bucaneros). Más cercanos a nuestro país, los primeros indicios vienen de la mano de los indios guaraníes, establecidos en él limite con el Paraguay, que llamaban al horno de barro TATACUá (tata: fuego - cuá: cueva / CUEVA DE FUEGO) o PACUÁ (HUECO DEL DIABLO).
En Argentina y con la herencia de criollos y españoles, su uso se vuelve casi obligado en los primeros asentamientos rurales y ciudadanos, destacándose en las regiones del norte, noroeste, noreste y centro. Luego con el tiempo se fueron extendiendo hacia otras regiones. Así,  las costumbres gastronómicas argentinas o también llamadas rioplatenses de la época incorporan desde un principio a estos hornos de barro, ya sea de la mano de la cultura indígena como de la raíz inmigratoria que por aquellos años fue poblando las distintas regiones. Su uso no tiene fronteras, encontrándose vestigios culturales no solo en Argentina sino en países limítrofes como Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia, o los lejanos europeos como Alemania, Italia, España, Norte de áfrica, Medio Oriente, etc.
En fin, como vemos desde hace mucho y en cada latitud encontramos ancestros de nuestro actual horno de barro. Muchas diferentes culturas fueron las que lo usaron y actualmente los utilizan. Desde nuestro humilde blog te sugerimos que si todavía no incurcionasate en el arte de construir tu propio horno y de tener la satisfacción de cocinar luego en tu maravillosa obra, te animes. Verás que no es tan difícil y que los beneficios son muchos más de los que te imaginas. Mucha suerte.